Observación de Miami como «Un mundo de cristal

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Fotos Julio de la Nuez

Habey Hechavarría Prado –www.TeatroenMiami.com

Una curiosa propuesta teatral concluyó sus presentaciones hace varias semanas. Entre la bruma del bochorno y del salitre, su aire de ciudad caribeña sin serlo, el dinamismo multicultural de su gente, Miami tuvo otro despegue hacia la posesión de una cultura autóctona. Una inesperada versión de The Glass Menagerie(1944), obra célebre de Tennessee Williams, se estrenó bajo el título Un mundo de cristal, cuyo texto fraguaron José Cabrera y Alberto Sarraín. Con la lúcida dirección escénica del segundo, esta producción de La Má Teodora, el ADTC de la Universidad de Miami y de Akuara Teatro, en cuya sala ocurrió el evento, evidenció la capacidad que tiene la escena local de revisar el presente de la ciudad desde el pasado mezclando poesía, drama, memoria e historia.

La versión aprovechó las estructuras externa e interna del original, más lo fundamental de los personajes y sus relaciones. Transformó contextos espacio-temporales, idiosincrasias y, por ende, numerosos parlamentos. El proceso de reescritura entregó un texto inquietante que revisa ciertos aspectos del Miami de los 80, especialmente alrededor de una familia cubana que intentaba adaptarse a su nueva “vida americana”. Semejante intervención en la escritura de Williams sería un mero capricho, si a los creadores no les guiara una auténtica idea artística. Y este fue el caso. The Glass Menagerie, un hito de la dramaturgia moderna, fungió de pre-texto para que el texto Zoológico de cristal, según la frecuente traducción al castellano deviniera en Un mundo de cristal.

Para la ocasión Alberto Sarraín concibió la representación de un apartamento, sugerencia de un mundo semitransparente, quizá de plástico y cristal, que seccionó en aproximadamente cinco zonas con cierta estructura de caracol. El espacio visible de una sala-comedor incluyó áreas interiores fuera de la vista del público, recurso coherente con la poética realista que suele hurgar en lo no visible. La colección de animales en figurillas de vidrio que atesora uno de los personajes, evoca los símbolos de vidas repletas de deseos insatisfechos, mientras el centro de atención apunta hacia el universo de relaciones que conforman una realidad hostil, un muro contra el cual explotan vívidas pesadillas, distintas variaciones de un sueño americano mal digerido.

La obra presenta un choque de pretensiones desesperadas en el seno de una familia. El personaje narrador, Tom (Larry Villanueva), hijo de Amanda (Yvonne López Arenal) y hermano de Laura (Vienna Sicard), jovencita aquejada en el andar y en el alma, nos lleva de la mano hacia una serie de acontecimientos que culminan tras la ayuda que el hijo, contra su voluntad, concede a su angustiada madre. Amanda les exige que le ayuden a preparar una cena con la cual intenta atrapar a Jaime (Diago Fernández), actual compañero de trabajo del hijo y conocido de Cuba, a quien la señora espera convertir en esposo de su hija. Pero Amanda y Tom tienen otro conflicto. El joven alberga aspiraciones literarias y una evidente inclinación homoerótica. Acostumbrado a salir todas las noches, emborracharse y darle riendas a su pasión, apenas es tolerado por la madre, católica fervorosa, atormentada por el mísero presente y el oscuro porvenir. La ilusión de la señora con el futuro de Laura se destruye al saber que Jaime está comprometido. El fracaso produce el estallido de toda la frustración que han traído de Cuba, y que engordó a la sombra de un cutre apartamento de La Pequeña Habana. Entre lágrimas de rabia y desesperación, se destroza la que parece la última esperanza para la estabilidad del hogar.

Las crisis personales y familiares conforman una sucesión de giros y desencadenamientos donde las actuaciones se desplegaron correctamente. Lo demostraron las demarcaciones de la acción etapa por etapa, el aprovechamiento de la paulatina intensificación de los conflictos y, por supuesto, la conducción hacia el clímax junto a otros momentos de tensión. Se aprecia cuánto favoreció esto la narración escénica, y cómo la dirección actoral y el trabajo de los intérpretes guiaron la construcción de los personajes desde una contención emocional alejada de fáciles desbordamientos. La eficacia técnica permitió cierta zambullida en las enigmáticas interioridades de los caracteres, profundidades transidas de instinto, contradicciones e ideales inalcanzables, de acuerdo a una característica que acerca la concepción del gran dramaturgo norteamericano al teatro de William Shakespeare.

Al respecto, destacan las interpretaciones de López Arenal y de Villanueva en un dueto que tuvo varios momentos muy felices y sostuvo el espectáculo con donaire de principio a fin. Incluso la poca diferencia en las edades de los actores, que reflejó un problema en la selección del reparto, podría leerse a partir de la retrospectiva que impone la compresión de dos tiempos en uno, aunque el montaje apenas aprovechara esa posibilidad o sugerencia. Lo inevitable fue borrar la distinción de niveles entre los actores experimentados y los noveles. No obstante, los jóvenes intérpretes Sicard y Fernández tuvieron la serenidad y resistencia para no apartarse de sus partituras, e, incluso, incorporaron frescura, naturalidad y dinamismo a una parte significativa de la impresión general de veracidad.

Tennessee Williams concibió mundos insondables que mezclan los límites racionales e irracionales de lo humano. La obra de Cabrera y Sarraín conservó las nociones de instinto y cultura, las convenciones y el salvajismo, en un enfrentamiento que debió desafiar a los actores. Pero la representación de Sarraín añadió fuerza al silencio, a la ausencia de algunas palabras fundamentales que no afloran por estar conectadas con lo que más duele: la vergüenza, la frustración, lo reprimido. Esta fuerza de la palabra teatral no-dicha, que viene de Williams, constituyó el eje de un espectáculo que, sin dejarse atrapar en simples cuadrículas ideológicas, parece referir la frustración definitiva de un proyecto familiar de vida en alusión a un proyecto comunitario: en este caso, el cubanoamericano.

Entonces, las ruinas humeantes del diferendo Washington-La Habana, el desamparo del pueblo cubano de la Isla y la inminente desaparición de “los históricos” (la generación del centenario y el exilio cubano), conforman el contexto que envuelve esta obra como un traje estilo retro hecho a la extraña medida de las actuales circunstancias. El ambiente musical de la época, incluyendo canciones apropiadas del trovador Silvio Rodríguez –representante cultural del gobierno de los hermanos Castro- plantearon implícitamente un enfrentamiento de mundos que se deshacen mientras, parafraseando a Hesse, otro mundo nuevo (se supone) está por nacer. Pero la gente, representada en aquella humilde familia de exiliados cubanos, deambula entre sufrimientos, retorcijones por sensaciones contrapuestas, la vaguedad de una esperanza. La pureza y la inmundicia, lo vulgar y lo trascendente, lo obvio, lo intrincado, la revelación y el secreto, desafiaron al público que debió comprenderlo todo sin entender nada. Como en los tiempos que corren.


 

 

Horizontes de construcción neo-espectacular en Cualquier otro lugar menos este

 

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Habey Hechavarría Prado – http://www.TeatroenMiami.com

Habey Hechavarría Prado (La Habana, 1969).

Teatrólogo. Padre de Familia. Humanista. Graduado de la Facultad de Arte Teatral del Instituto Superior de Arte, donde ejerció la docencia durante más de una década. Integró grupos teatrales y diferentes instituciones de las artes escénicas cubanas que le dieron experiencia como actor, director, dramaturgista, asesor y crítico.

Sus artículos e investigaciones se encuentran en publicaciones especializadas y sitios web. Ejerció el periodismo cultural dentro de revistas católicas habaneras. Publica reseñas teatrales en El Nuevo Herald y escribe para Teatroenmiami.com

Horizontes de construcción neo-espectacular en Cualquier otro lugar menos este

1.

Akuara Teatro es una de las agrupaciones que sostiene en Miami la permanencia de aquella representación dramática con mayor rigor artístico. Liderado por la actriz Yvonne López Arenal y el cineasta Mario García Joya, el grupo se radicó en nuestra ciudad desde el 2009, aunque tiene sus antecedentes en Los Angeles y New York. Entre los más de 30 títulos que conforman un amplio panorama de autores y estéticas, con el espectáculo Cualquier otro lugar menos este, Akuara ratificó la noción del teatro de arte, en el sentido contextual aquí empleado.

La urdimbre de esta escenificación apunta hacia las antípodas del común de las concepciones teatrales miamenses. A la inversa, las peculiaridades del gusto local se circunscriben alrededor de un manojo de recursos, técnicas y perspectivas de construcción escénica que, si bien reflejan una teatralidad en formación, más o menos autóctona, todavía distan mucho de ese “autorreconocimiento” o proceso de pensarse a sí mismo, sin el cual, repito, no puede existir un verdadero arte contemporáneo. La selección de esta obra dura e intensa de Caridad Svich, denota la existencia del proceso creador que motiva estas consideraciones.

La función a la que acudí en la sala Avellaneda, sede de la compañía, señalaba casi el final de la temporada. Curiosamente, mientras en La Habana una joven agrupación presentaba su versión del texto, en el sur de Florida Akuara se sumergía en un esfuerzo semejante de la mano del director cubano, residente en Cuba, Jorge Lugo. Lejos de una coincidencia, esta coyuntura planteó una cualidad de nuestro teatro, enfrascado en su constante y accidentado crecimiento, transido por numerosos diálogos culturales, sociales, migratorios. Para el teatro local estas oportunidades deberían ser momentos idóneos de comprensión e inflexión.

A la vez, con las dificultades de producción, montaje y ensayos, en el cierre de las temporadas aumenta la oportunidad de hallar trabajos maduros, cohesionados, donde el margen entre la concepción y la realización concreta se estrecha favorablemente. Sin embargo, al arribar a aquella geografía delsouthwest, alejada del epicentro teatral de La Pequeña Habana, encontré un puñado de espectadores. Entonces desconocía que, en minutos, iba a formar parte de un grupo selecto de afortunados que contemplarían una rara avis de la vida teatral de Miami.

La función de Cualquier otro lugar menos este no debió defraudar a quienes esa tarde buscaban una obra con elevado rango de elaboración. La garra de aquella partitura escénica, por instantes, transmitió la sensación de que, en todo el salón, solo estaban el observador y lo observado. Fue una función donde la comunión propia del rito le devolvió al espectáculo el sentido del teatro. La complicidad de esa experiencia que suspende el paso del tiempo y engrosa el espesor de la atmósfera, señala un mérito poco frecuente que convirtió dicha obra en una de las propuestas escénicas más logradas en nuestra ciudad durante el 2014.

2.

Quizá ningún discurso tenga la misma fuerza que el deseo. De alguna manera, la agudeza psicológica del drama que concibió Svich, autora estadounidense cuyo uno de sus ascendentes fue cubano, supera la fábula típica del universo cerrado en torno a cuatro personajes y la modalidad trágica del realismo sucio. Hurgando un poco en la complejidad de los conflictos humanos, afloran la insatisfacción y el anhelo al modo del fantasma lacaniano, metamorfosis de un apetito tan persistente como cambiante. Lo demás depende de los ambientes enrarecidos de una fría ciudad industrial, asfixiada entre penurias económicas y frustraciones personales. Este discurso sobre el deseo insatisfecho deviene en un verdadero “documento de humanidad”, al decir de Emile Zola, una revelación estética del ser y del sentir bajo las angustias de la actualidad.

El impacto de la representación se debió mucho más a la recreación atinada de los conflictos en torno a los impulsos del amor y de la destrucción, que a la espectacularidad y a sus artificios. No por ausencia de elementos escénicos sino por la discreción que los sometió al argumento. El recurso de la narración incorporó una impronta cinematográfica que buscó la belleza de la sencillez, y la encontró. El acento narrativo (paradójicamente “antiteatral”) aprovechó las connotaciones dramáticas de la autodestrucción, entendida como deseo de muerte, la ilusión y la fragilidad humana, la miseria corporal, la frustración, la disfuncionalidad matrimonial y familiar en circunstancias de infelicidad, que habita en los caracteres. Otro acierto estético estuvo en el manejo de la sordidez que no teme a lo feo, a lo triste, a lo trágico, incluso a lo desagradable de la cotidianidad. Recordemos que todas estas categorías, en principio, se ubican muy lejos del entretenimiento fácil.

Tampoco se alinea con el teatro comercial la estructura implícita de teatro épico, que, desde la escenificación, preconiza la diégesis o un discurso de representación narrativa muchas veces no apoyado en escenas sino en la conexión intelectual de cuadros sin una necesaria relación causal. La narratividad escénica, que confirma la estructura dramática descrita, se alía a cierto naturalismo de nueva generación, cercano a las exigencias del sexo y otras demandas corporales. Y son los sufrimientos profundos el eje de la historia y de aquella “teatralidad de mínimo esfuerzo” donde la imagen mental supera en valor artístico a las imágenes físicas, retinianas. Por eso el texto escrito concertó una modalidad del texto espectacular que, sin ser nueva, logra renovar el quehacer artístico.

De tal forma avanza la representación de las dos líneas argumentales. Su tejido trenza la historia de los cuatro personajes que forman dos parejas, próximas en la amistad y en la semejanza que comparten sus sendas crisis matrimoniales. Son obreros empobrecidos en una gris urbe norteamericana. Con el tiempo, los matrimonios se quebrantan, pese a los esfuerzos individuales y a las ayudas mutuas. La separación y la muerte les rondará por igual.

Al final, la puesta en escena de Jorge Lugo tuvo sus zonas de fortaleza y sus predios de debilidad. No olvido que la principal limitación del montaje se desprende de una de sus virtudes. Esa marca de coherencia artística se percibió en la articulación de las elipsis. Dicho recurso narrativo, propio de la literatura y del cine, fue una herramienta valiosa para acortar los tiempos y espacios, dinamizar el relato y concentrar los momentos fuertes de la acción. Sin embargo, la elipsis constituye un artificio contrario al realismo porque reajusta las convenciones espacio-temporales, y, de no utilizarse con sutileza crea un efecto brusco contra la credibilidad. En el espectáculo, las elipsis se movieron por un filo no deseado de plasmación y socavamiento de la ilusión.

Mientras tanto, las actuaciones fueron una zona de fortaleza. Las interpretaciones de Isaniel Rojas, Yvonne López Arenal, Christian Ocón y Miriam Bermúdez revelaron sus respectivas capacidades para caracterizar psicologías complejas, además de moverse con garbo y delicadeza en el espacio escénico y a través de las líneas de acción transversal de sus personajes. Vale señalar que la habilidad histriónica, mezcla de sensibilidad e inteligencia, de las actrices López Arenal y Bermúdez no era un secreto, pero el crecimiento de la destreza actoral en Rojas y Ocón nunca había sido tan evidente. Christian Ocón desnudó un hombrón vigoroso y frágil en su interior para demostrar que ya es uno de los actores más interesantes de teatro de Miami. E Isaniel Rojas, con este protagónico -un individuo atrapado en los altibajos de su carácter que (otra vez dándole la razón a Heráclito) es su propio destino-, tuvo un desempeño histriónico impecable, quizá su trabajo teatral más descollante hasta la fecha. La dirección de actores debió participar activamente en estos resultados.

3.

De ningún modo Cualquier otro lugar menos este ofrece el modelo único para lograr un teatro de arte en Miami. Por el contrario, es apenas una escaramuza estética, entre muchas posibles, hacia un posible crecimiento profesional de una parte de la escena local que, al buscar una ruptura consciente con los hábitos de percepción, involucró dos factores claves. Primero, el hecho de que un director “foráneo” se responsabilizara con la puesta escena, no hace otra cosa que corroborar los beneficios del proceso de retroalimentación directa de nuestro teatro hispano en los movimientos teatrales iberoamericanos. El otro factor apunta hacia la exploración formal del espectáculo. Pues no se trató de una investigación radical, sino de un compromiso con los sentidos del texto y de la representación dentro de un registro ubicado más allá del adocenamiento de los recursos expresivos. En resumen, el contraste de intenciones, respecto a la mayoría de las propuestas, destaca por la búsqueda de una comunicación tan emocional como analítica. Se trató de una proyección intelectiva que, aun cuando no está ausente en nuestros escenarios, alcanzó allí uno de los resultados de mayor coherencia y altura que he podido testimoniar aquí.

El cangrejito y la paloma. Poster de Sandra Rincón

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El cangrejito y la paloma música y color en Akuara Teatro

MAYRA MARRERO

ESPECIAL/EL NUEVO HERALD

02/24/2015 7:00 AM

El teatro en español para niños también se está abriendo un espacio en las opciones culturales de Miami. Akuara Teatro retoma su cartelera infantil este año con el estreno de El cangrejito y la paloma, obra basada en el cuento El cangrejo volador, de Onelio Jorge Cardoso, escritor y periodista cubano, quien en su largo quehacer literario le dedicaba gran parte de su tiempo al cuento para niños.

La obra relata la historia de un cangrejito que quería volar y con la ayuda y la inspiración de una paloma torcaza logra sus sueños a pesar de los obstáculos y el pesimismo de la pava.

El cangrejito y la paloma, con versión y dirección de Miriam Bermúdez, es una pieza con un dinamismo contagioso que establece una conexión rápida con la audiencia infantil. Los transporta a un bosque de grandes árboles dibujados por Sandra Rincón que recuerda las acuarelas y crayolas de nuestros dibujos de la infancia. Una vez más Rincón y Bermúdez se unen para crear el diseño de escenografía y vestuario, que sin pretensión aparente, logra enriquecer el imaginario infantil con colores y formas. El resultado de esta creación es potenciado con la luz negra y el diseño de luces de Rolando Santini, que sorprende gratamente a los niños cuando notan que ellos mismos también han cambiado de color y muchos se reconocen deslumbrados en la alteración cromática.

La música es un componente imprescindible en el teatro para niños y El cangrejto y la paloma no es la excepción. Marina Ortiz creó la banda sonora de la obra y sus letras, melodías y ritmos son parte vital de la puesta en escena. Presentan e identifican psicológicamente a cada uno de los personajes y les adjudica un ritmo que les hace reconocible en el auditorio infantil.

El juego escénico es minucioso y dinámico, los actores revelan sus personajes con frescura y espontaneidad. Cantan, bailan y entregan todo en cada función por crear un microcosmos sensorial para los pequeños. Isaniel Rojas energiza la puesta en escena y con su liderazgo, dedicación y precisión de movimientos les regala un cangrejito que sorprende no tan solo por su actuación, sino también por su voz en las canciones que apoyan la historia. Alma Itzel es la paloma que, con suavidad, exquisita voz y sinceridad actoral, relata y conduce a través del bosque imaginario a los pequeños por los vericuetos de la historia con el único propósito de divertirlos y enseñarles a no poner límite a sus sueños. Los actores Felipe Cartagena, Any Rose y Christian Ocón disfrutan, juegan, cantan y se transforman en sus respectivos personajes con humor, ternura y profesionalismo. La audiencia participa y se divierte logrando tararear la pieza principal que compuso Ortiz, Quiero volar, al final de cada espectáculo.

Bermúdez dirige la puesta en escena con imaginación. Relata la historia con sencillez y enfatiza la idea del teatro para niños como una gran sala de juegos donde la fantasía no tiene fronteras.

Akuara Teatro estrenó El cangrejito y la paloma

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Foto: Julio de la Nuez

El Nuevo Herald.

Arturo Arias Polo

Akuara Teatro apuesta por el público infantil en su primera temporada del año.

A partir del sábado 17, el grupo comandado por Yvonne López Arenal y Mario García Joya presentará El cangrejito y la paloma, bajo la dirección de Miriam Bermúdez.

A propósito del estreno, López Arenal dijo a el Nuevo Herald que desde su inauguración, en el 2011, Akuara Teatro siempre ha procurado complacer a todos los sectores del público con espectáculos de múltiples géneros.

Durante el 2014, en la sala del Bird Road Art District no solo se representaron títulos tan conocidos como La ronda (Arthur Schnitzler) y El día que me quieras (José Ignacio Cabrujas), entre otros estrenos en Miami.

En el elenco de El cangrejito y la paloma figuran Isaniel Rojas, Alma Itzel, Any Rose, Felipe Cartagena y Christian Ocón.

La obra es una versión libre del cuento El cangrejito volador, original del escritor cubano Onelio Jorge Cardoso (1914-1986), que toma de pretexto las aventuras de un cangrejo, su abuelo, una paloma, un árbol y una pava, para reflexionar sobre los sueños irrealizados por culpa del miedo y la rutina.

“Aunque nos estemos asfixiando preferimos acurrucarnos dentro del caparazón de la seguridad y la aceptación, antes que arriesgarnos a recorrer sendas desconocidas, tal como nos pide el corazón”, dijo Bermúdez. “Sin embargo, un buen día decidimos escuchar esa ‘vocecita’ que nos grita desde adentro y emprendemos un recorrido diferente al que nos han enseñado”.

Esta es la segunda incursión de Bermúdez como directora en Akuara, tras el estreno de otra pieza concebida para los pequeños, Gigi y Momo (Salvador Lemis).

En el mismo escenario la actriz integró los repartos de Cualquier otro lugar menos este (Jorge Lugo), Contigo pan y cebolla (Héctor Quintero), Nevada y Huevos (Abel González Melo), Gaviotas habaneras (Yvonne López Arenal) y Virginia (Rita Martín).

El cangrejito volador es una coproducción de Akuara Teatro y el Instituto Cultural René Ariza con música original de Marina Ortiz, diseños de escenografía y diseño y vestuario de la directora, y Sandra Rincón, y luces de Rolando Santini. Nelson Jiménez Vivero estuvo al frente del estudio de grabación.

El año pasado Akuara Teatro también fue sede de la entrega de los Premios René Ariza –que se otorgan anualmente a las personalidades más destacadas de la cultura cubana que residen fuera de la isla–, y de la velada por el bicentenario del natalicio de la poetisa cubana Gertrudis Gómez de Avellaneda, que celebró el Día de la Dramaturgia y el Teatro Cubano del Exilio.

“Somos la única entidad de este tipo en nuestro distrito donde siempre está ocurriendo algo en beneficio de la comunidad. Siempre hemos abierto las puertas a todo el mundo. Pero no podemos seguir socorriendo a los demás sin ser capaces de pedir ayuda para nosotros mismos”, señaló López Arenal, tras enumerar las presentaciones de libros, lecturas dramatizadas y de poesía, temporadas para niños y un sinnúmero de eventos culturales gratuitos que Akuara viene haciendo desde su apertura.

La actriz agregó que los altos costos de las producciones y el mantenimiento del inmueble están poniendo en riesgo la sobrevivencia de la sala.

El día que me quieras. Demo y nota.

Fotos: Pepe Murrieta.

Demo: El día que me quieras.  (Haga click en el enlace en rojo)

“El día que me quieras” de José Ignacio Cabrujas en Akuara Teatro: Sala Avellaneda.

Amigos,  este viernes estrena el segundo elenco de “El día que me quieras” Marianela Pupo e Isaniel Rojas.
Reservaciones 786 8531283.Viernes y sábados a las 8 y 30 pm y domingos a las 6 pm.
 
Dirección y puesta en escena: Alberto Sarraín.
Dirección genearl de Akuara Teatro: Mario García Joya e Yvonne López Arenal
Elenco:
Elvira Ancízar Micheline Calvert
María Luisa Ancízar Yvonne López Arenal
Pío Miranda Larry Villanueva
Matilde Ancízar Yani Martín – Maríanela Pupo
Plácido Ancízar Léster Ernesto Martínez – Isaniel Rojas
Carlos Gardel Felipe Cartagena
Alfredo Lepera Christian Ocón
Sábado y domingo sigue el primer elenco con Yani Martín y Léster Martínez.

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Una disertación dramática sobre el caudillismo hispanoamericano y sus consecuencias 

teatro

Habey Hechavarría Prado – www.TeatroenMiami.com
Fotos: Julio de la Nuez
Si algo me impresiona de El día que me quieras, obra escrita por José Ignacio Cabrujas (1937-1995), que continúa presentándose en Akuara Teatro, es, entre otras perspectivas, el cuestionamiento irónico a la veneración al caudillo, una característica fundamental de la cultura hispanoamericana. La intuición artística del dramaturgo venezolano plasma con aire chejoviano, en esta obra de 1979, varias referencias caudillistas a figuras políticas o patriarcales, e íconos afines, como entidades que gobiernan la vida de personajes cotidianos. Son pequeños seres manipulados por grandes figuras del poder real o sublimado que, aún desde lejos, alcanzan el control de las conciencias de quienes, incluso, les rechazan. En este caso, la familia de los hermanos Ancízar nuclea una historia de desamor y desilusiones donde la evocación de los caudillos se vuelve perceptible con excelente técnica dramática y refinado sarcasmo literario.  
La llegada del cantante de tangos Carlos Gardel (Felipe Cartagena) a la ciudad de Caracas, en la década de 1930, con la intención de ofrecer un concierto único, desata ilusiones y suspiros. Sin embargo, Pio (Larry Villanueva), novio eterno de María Luisa (Yvonne López Arenal), una de las hermanas, solo tiene neuronas para sus delirios ruso-comunistas y para la adoración a la figura del tirano sangriento Josef Stalin. Los otros modelos patriarcales que Cabrujas introduce muy hábilmente son la figura del pater familias Pablo Ancízar, el general independentista cuya talla moral sustenta la condición de fundador del clan y la referencia al dictador Juan Vicente Gómez, por entonces al frente del gobierno nacional. Son cuatro íconos de un poder irracional que mueve las voluntades y el destino de cada personaje.
La influencia psicológica y cultural del caudillo, como ídolo al cual se le atribuyen virtudes y facultades arraigadas en la mitificación popular, solo se corporiza en el personaje de Gardel, mientras el resto tienen una presencia importante pero referida. Y por tanto, los personajes que conservan algo de objetividad, respecto a la irresistible proyección de estos grandes líderes invasores del inconsciente colectivo, tienen dentro de la pieza un status obstructor de la aceitada maquinaria del adocenamiento. En el espectáculo ningún personaje asume por completo tal dignidad, pero quizá Plácido y Elvira Ancízar, respectivamente interpretados por Micheline Calvert e Isaniel Rojas, tiene instantes de distanciamiento crítico. En lo que los personajes sometidos a la influencia caudillista devienen comodines de una acción que les arrastra como el fluir instintivo de la vida. La hermana menor, Matilde (Marianela Pupo) y el acompañante del cantante, Alfredo Lepera (Christian Ocón), ejemplifican esa dualidad de personajes dependientes, etéreos, atractivos hasta el punto de despertar curiosidades.
Las consecuencias del influjo de estos líderes carismáticos en la historia y en la vida pública hispanoamericanas no necesitan descripción. Todavía las leemos en la prensa plana y hasta sufrimos con la reproducción de sus imágenes por televisión y otros medios. Quizá la propia Venezuela de estos días se erige en modelo nefasto de esas sociedades con más caudillismo que institucionalidad. Cabrujas, hombre de izquierdas, lanza una crítica agudísima de terrible vigencia. Los frutos de la preponderancia de los caudillos no solo se perciben en el entramado de la sociedad sino en el interior de las familias donde los individuos asumen con pasión la reverencia a cierto gran líder. Con el tiempo, el gozo de estas personas tiende  a transformarse en frustración, cuando las vidas se desmiembran por el miedo, la falsedad y la irresponsabilidad que generan los ídolos humanos y la falta de libertades. Los personajes de la obra, llenos de anhelos e ilusiones al principio, pierden el rumbo hacia la felicidad en la misma medida que perdieron autonomía y control, que dejaron de vivir en la verdad.
La puesta escena sugiere que el recuerdo de la visita de Carlos Gardel a la casa de los Ancízar, será un momento memorable, aunque agridulce, con el cual los personajes reforzarán la leyenda familiar. Pero este nuevo motivo de adoración tiene menos impacto debido al desbalance entre los dos actos. El primero, mejor elaborado que el segundo, abre algunas perspectivas y sugerencias que después no se cumplen del todo. Una de estas consiste en la preponderancia de la figura de Gardel, proclamada por los personajes de manera insistente, reforzada por varias composiciones escénicas, pero luego no concretada en el diseño del carácter ni en la interpretación. Aunque el diseño de los personajes, en general, quedó, en calidad de resultados, por debajo de una visualidad escénica bien ubicada en época, creíble, bonita y eficaz alrededor de una romántica glorieta, las actuaciones tienen un nivel muy decoroso. Entre ellas, Larry Villanueva, enfundado en la imagen soviética de un viejo bolchevique, destaca con su leve parodia psicológica del comunista obcecado y patético, una interpretación difícil de olvidar.
Con El día que me quieras el director Alberto Sarraín coloca en la cartelera de la ciudad una representación agradable y lúcida a partir de otro título valioso dentro del teatro hispano contemporáneo.

 

Akuara Teatro: Sala Avellaneda
Bird Road Art District
4599 SW 75 Ave
Miami FL. 33155
786 8531283

Tickets: 20.00 / 15.00.

‘El día que me quieras’ excelente y sensible puesta en escena

Fotos: Julio de la Nuez.

‘El día que me quieras’ excelente y sensible puesta en escena

Mayra Marrero

Especial/el Nuevo Herald

09/23/2014

El día que me quieras, de José Ignacio Cabrujas, es la obra con que
Akuara Teatro comienza su nueva temporada de otoño-invierno. La Ma
Teodora, Akuara Teatro y el ADTC de la Universidad de Miami producen
este excelente y referencial texto del teatro iberoamericano y que,
sin lugar a dudas, retrata la familia hispana más allá del decursar
del tiempo.

La obra cuenta la historia de la familia Ancízar en la Venezuela de
1935, durante la dictadura de Juan Vicente Gómez, y al mismo tiempo la
historia de Pío Miranda, amigo de la familia y novio de María Luisa
Ancízar. Pío tiene una marcada y casi demencial empatía por la nueva
Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, su aparente compromiso con
los oprimidos y su anunciada igualdad social.

Los personajes de la obra están abandonados a ese destino nombrado
cotidianidad, monotonía y visceral encuentro con la amargura y la
desesperanza en una sociedad en la que la sorpresa parecía no tener
cabida. Todo se va a subvertir con la llegada de Carlos Gardel, que
opera como una suerte de milagro, un hacedor de sueños y de vidas
paralelas a través de sus tangos y películas con los cuales soñaba la
familia.

Alberto Sarraín dirige la puesta en escena respetando la estructura
dramática de la obra, y nos obsequia un retrato realista y cuidadoso
de la época, apoyándose en el diseño de escenografía y vestuario de
Luis Suárez, que reproduce minuciosamente los finales de la década de
1930.

Sarraín crea en el espacio escénico tres áreas por donde los
personajes se deslizan con cuidada intención dramática. Realismo y
compromiso social podrían caracterizar su dirección en este nuevo
reto.

La comunión interpretativa del elenco y su patente dominio escénico se
evidencia en la seriedad y la pasión con que cada uno de los actores
ha diseñado su personaje.

Micheline Calvert fluye, divierte y convence con su Elvira Ancízar,
demostrando su vasta experiencia teatral. Por su parte, Yvonne López
Arenal se desdobla en María Luisa Ancízar. Temerosa y enamorada, dota
a su personaje con pequeños manierismos y discretos movimientos
escénicos haciendo patente su madurez interpretativa, además de
establecer un diálogo cómplice con Larry Villanueva (Pío Miranda),
junto al cual logra exquisitos momentos interpretativos.

Yani Martín Báez es Matilde, que evade su realidad con las canciones
de Gardel. La actriz recrea a Matilde con ingenuidad y lirismo,
dotando a su personaje de una fragilidad casi onírica. Lester Martínez
construye a Plácido Ancízar con enérgica soltura y creíble vitalidad.
Las apariciones de Christian Ocón y Felipe Cartagena son también
convincentes; Cartagena interpreta a Gardel y su personaje está
impregnado de trazos caricaturescos y estereotipados que recuerdan las
portadas de revistas con lo que se atempera la cuerda melodramática de
las Ancízar.

Villanueva propone con profundidad y delicadeza interpretativa su
introspectivo Pío Miranda. Minucioso, contenido, pasional, efectivo en
el detalle mínimo del gesto son algunos de los calificativos del
Miranda de Villanueva que lo hacen inolvidable y lo colocan en una
posible lista de las actuaciones memorables de este año.

El día que me quieras, obra en la que el texto es protagonista, es una
excelente y sensible puesta en escena, un ejemplo del mejor teatro
realista y de la madurez de un equipo teatral. •

Reservaciones: 786 8531283.

Conversación en tiempo de bolero

Conversación en tiempo de bolerode 
Luis Agüero
La obra cuenta los avatares de una inmigrante “barreboleros” que sueña con tener su negocio propio y cantar.

Dirección: Marcia Arencibia- Henderson

Purita: Marcia Arencibia- Henderson

Actuación especial y  música: Marcelino Valdés

Producción: Akuara Teatro,  Marcia’s Studio, Instituto Cultural René Ariza,  Marcelino Valdés y Luis Suárez.

Asistente de dirección: Aimée Barat

Relaciones públicas: David Urbina

Diseño de luces: Mario García Joya

Técnico de luces: Rolando Santini

Directora general de Akuara Teatro Yvonne López Arenal

Estreno el sábado 1 de Febrero de 2014 a las 8 y 30 PM. Solamente 4 funciones.

Sábados 1, 8 de Febrero  a las 8 y 30 PM

Domingos 2 y 9 de Febrero  a las 6 y 30 PM

Reservaciones e información: 786 853 1283. 786 683 5064.

Akuarateatro1@gmail.com

http://akuarateatro.blogspot.com/

Akuara Teatro, Marcia’s Studio  and Instituto Cultural René Ariza
Reservation: 786 8531283
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El renacer del distrito artístico de Bird Road.


El renacer del distrito artístico de Bird Road

Las galerías del “Art District” abren sus puertas para que el público interactúe con los artistas

Nuevo Herald
Por ARTURO ARIAS-POLO

Las antorchas encendidas indican a los visitantes que la noche de galerías del Bird Road Art District, conocida por Bird Road Art Walk, abrió sus puertas nuevamente.

Se trata del evento cultural que el tercer sábado del mes invita al público a apreciar la obra de 30 artistas plásticos de todas las tendencias y nacionalidades en el cuadrante comprendido entre las calles 41 y 48 del suroeste de Miami y las avenidas 72 y 75. Una antigua área industrial rodeada de barrios prósperos donde crece una comunidad artística que se propone complacer las demandas de sus vecinos.

El distrito abarca 24 bloques de warehouses donde hoy sábado se mostrarán obras de Nicolás Leiva, José Manuel Abraham y Víctor Madero, Néstor Arenas y Manuel Mazzarti, entre otras actividades, que incluye la presentación del espectáculo Obba, a cargo del grupo Artefactus, en Akuara Teatro.

“El Bird Road Art District existe desde los años 80 y por múltiples razones se fue abandonando hasta que se reinauguró el 16 de octubre del 2010”, explicó Cuqui Beguiristain, miembro de la junta directiva del proyecto, durante un encuentro al que asistieron los pintores “Mano”, de MANO Fine Art, e Ismael Gómez Peralta, que también pertenecen a la junta de 15 miembros.

“Uno de los atractivos de la actividad radica en que los visitantes disponen de estacionamientos gratis y un ómnibus que hace recorridos por los estudios. Además, en los últimos meses las tiendas de antigüedades también han abierto”, añadió.

Beguiristain y “Mano” tuvieron una galería en Coral Gables y Gómez Peralta mantuvo la suya en la Calle Ocho por mucho tiempo. Pero decidieron reconquistar esta zona por su cercanía a los puntos más concurridos de la ciudad.

“Lo que nos diferencia de Coral Gables, Wynwood y el resto de los otros circuitos de arte de Miami es que el público tiene acceso directo al artista. Lo ve trabajando y allí mismo puede adquirir sus obras”, añadió Beguiristain. “Y como no queremos perder el impulso decidimos mantener la actividad durante el verano”.

Gómez Peralta señaló que cualquier artista puede alquilar un espacio de 1,000 pies cuadrados por $850.

“Hay locales con precios muy competitivos. Pero lo más fascinante es que aquí la gente puede penetrar en ‘el templo’ de un artista y vivir una experiencia única”, destacó el pintor, que divide su tiempo entre su propia obra y las clases que imparte en el Miami Art Club, un centro del distrito diseñado para las personas de la tercera edad.

La pintora Sonia Hidalgo está a cargo del programa The Young Artist Academy, dirigido a los niños de 10 a 18 años.

Para “Mano”, el hecho de que la iniciativa agrupe artistas emergentes en un proyecto común contribuye al creciente prestigio del Bird Road Art District.

“En las reuniones ideamos nuevas estrategias para nuestra comunidad artística. Y al mismo tiempo impartimos talleres para que cada creador maneje las redes sociales y pueda dar a conocer su obra de la manera más efectiva”, acotó.

La lista de artistas independientes también incluye a Esteban Blanco, Luis Fuentes, Matthew Miller, Rafael Consuegra y Ray Ascuy, y las galerías Accent Alternative Art Space, Abuela Arts, Aperture Studios, Deadalus Art Project, Romero-Hidalgo Artis’ Studio y Warehouses Alternative Space.

“Todavía nos queda mucho por hacer”, dijo Beguiristain, tras anunciar que Néstor Arenas ya está coordinando la creación de murales exteriores que embellecerán los vetustos warehouses. “El pintor Pedro Vizcaino fue el elegido para iniciar la serie”.

Entretanto, la junta prepara la convocatoria de un concurso de fotografía sin descuidar los planes de la gran fiesta del primer aniversario de la resurrección del Bird Road Art District.

Bird Road Art Walk abre al público el tercer sábado de cada mes de 7 a 10 p.m. Informes: 305-467-6819/ http://www.thebirdroadartdistrict.com/ Facebook: Bird Road Art District/Twitter:Bird Road Arts. Transportación gratis para el recorrido por los talleres a cargo de Norle Properties.