Fango: enérgica y salvaje

Fango: enérgica y salvaje
Mayra Marrero
Nuevo Herald. Publicado el jueves 05 de septiembre del 2013

En la noche del sábado 31 se estrenó en Miami Fango en Akuara Teatro, una obra de María Irene Fornés escrita a principios de los años 1980. Si bien tiene el antecedente de una puesta en inglés, es la primera vez que se representa en español para el público local. Pieza imprescindible del período “duro” del movimiento off-off Broadway. Treinta años han pasado y sin embargo la obra sobrevive al tiempo.

Las tendederas de ropa ahogan el espacio escénico, y junto a la tabla de planchar, la plancha y las sillas son objetos claves para la humanización de los personajes que usó la dramaturga para crear el universo de Mar, Lino y Hernán. Alberto Sarraín, en su versión y dirección, mantiene y respeta los objetos que fueron, según la propia Fornés en entrevista a Allen Frame en 1984, definitorios para la concepción de los diálogos y sus personajes.

Fango es una trágica historia de amor en un ambiente marginal y rural. Mar es una mujer analfabeta que, cansada de planchar todo el día y de cuidar a su hermano de crianza, Lino, decide aprender a escribir y en esa autosuperación conoce a Hernán, quien cambiará el destino de estos personajes.

La puesta en escena de Sarraín invita a reflexionar sobre un texto duro que alude a una realidad poco conocida y conduce al espectador inescrupulosamente a aprehender sus más primitivos sentimientos, pasiones y necesidades. Sarraín traduce la obra y le inserta cubanía no solo en el texto sino también en el lenguaje corporal de sus actores.

Con Fango se rompen las fronteras nacionales. La humanidad de sus personajes, la crudeza de sus actos, la visión ingenua del sentimiento, las necesidades fisiológicas (eyacular, orinar, desear) se hacen tangibles en la poesía del lenguaje escénico que el director y su equipo proponen.

La interacción y el juego dramático que se logra entre los actores se evidencia en la credibilidad de sus personajes. Yvonne López Arenal enfrenta el desafío de Mar, un personaje complejo, hermoso y ávido de conocimiento que grita “soy un alma hambrienta y vacía, me satisface oír palabras”. López Arenal absorbe a Mar y la lleva de la mano con una corporalidad convincente y detallada en cada gesto.

Andy Barbosa, con obscena ingenuidad, se transforma en Lino y lo matiza con vehemencia. Joelvis Batista recuerda al sureño y al guajiro cubano y se desplaza con naturalidad en las complejidades no solo psicológicas sino también físicas de Hernán.

La relación espacial que crea Sarraín entre sus actores es apoyada con eficacia por el equipo técnico. La escenografía y vestuario de Luis Suárez contribuyen a hacer la obra intemporal, y le sirve de apoyo en su estética opresiva e inquietante. Por su parte, la iluminación de Mario García Joya es un elemento protagónico en la puesta: “ensucia” la escena, la retrata opaca y recrea el escenario y sus actores como una visión cinematográfica. Sarraín apuesta por un teatro difícil y necesario. Se apropia del texto y lo revela con una dinámica enérgica y salvaje, haciendo de los espectadores testigos cómplices. •

mmarrero4@aol.com

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Reservaciones: 786 8531283

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