La sal de los muertos

 Foto: Ulises Regüeiro.
‘La sal de los muertos’, la alquimia del poder

Mayra Marrero
Especial/El Nuevo Herald

La sal de los muertos, obra en dos actos de Matías Montes Huidobro, esperó más de 50 años para ser representada. El pasado sábado en la Sala Avellaneda de Akuara Teatro tuvo lugar su estreno mundial.

La obra es un discurso crítico a la república cubana a través de una familia y tres generaciones –el abuelo (Tigre), el padre (Lobo) y el hijo (Lobito), secundados por Aura (la madre), Cuca (la abuela) y Caridad. Sin embargo, a pesar de que fue escrita entre 1960 y 1961, su tesis se traslada a nuestro tiempo. La avaricia, el autoritarismo, el miedo, la esperanza y la huida se replantean en cualquier escenario y sobre todo siguen manifestándose en el contexto social cubano. Montes Huidobro en este texto dramático se afianza en la tesis de Antonin Artaud que enuncia el resurgimiento de la poesía en “el lado malo de las cosas”.

La supremacía de la palabra en esta obra hace difícil la gestión del director Christian Ocón, quien propone un diseño escénico contemporáneo tratando de hacer la obra más cercana al espectador a quien enclaustra durante más de dos horas en sus represiones y lo fuerza a la busqueda de una salida.
La puesta en escena logra sus mejores momentos en el primer acto, más dinámico y revelador, quizás por la energía de Yoelvis Batista (Lobito) y la traducción del miedo con la gestualidad de Liset Jiménez (Caridad), que hace del silencio la palabra. Las luces de Mario García Joya y Rolando Santini provocan al espectador y lo hacen cómplice.

La escenografía y ambientación del propio Ocón junto al maquillaje y vestuario de Alejandro Galindo son elementos que ayudan a configurar el universo escénico que propone la puesta.
En el teatro de la crueldad la palabra tiene un papel ritual importante, entrelaza al actor con el espectador y lo hace parte de su agonía. El monólogo de Caridad al final de la obra logra una visión profética de la realidad cubana en los últimos 50 años, la huida, el escape o el milagro que los salve son las claves para el desenlace.

El teatro nos mantiene en “estado de guerra” según Artaud, por eso la continuidad en la preparación actoral en la adquisición de nuevos lenguajes es imprescindible para crear y recrear teatro. Esta premisa debe continuar en la búsqueda que Christian Ocón y su equipo han manifestado en La sal de los muertos.

La historia agresiva y poética de Matías Montes Huidobro, que continúa en escena por dos semanas más, es un ejemplo de la vigencia de las causas que inspiraron esta obra y que la hacen una muestra recurrente del teatro de la crueldad. •

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